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La resistencia tiene un alto precio. Por Clovis Horst Lindner

 
 
 
El pastor luterano alemán Martin Niemöller (foto arriba) es de aquellas personalidades de la historia que nos desafían a la reflexión. Su eterno dilema estaba entre obedecer a Dios o cumplir la ley. La respuesta para él parecía obvia, en una realidad en que el gobierno de Alemania estaba en manos de los nazis.
 
Sus prédicas eran contundentes, y él no temía las amenazas de los oficiales del régimen. Él desafiaba a su comunidad a la desobediencia civil y no callaba ante las atrocidades contra los judíos y otras minorías. El resultado de su osadía profética fue un período de siete años en la prisión. Muchos otros pastores y sacerdotes lo acompañaron y fueron arrestados, torturados y hasta condenados a muerte.
 
Pero otros clérigos, sin embargo, fueron conniventes. Se quedaron callados o se sometieron al régimen. El miedo y, en diversos casos, la concordancia con lo que estaba pasando, los llevaba a silenciar o hasta a colaborar.
 
Al principio del tiempo que Niemöller pasó en la prisión, recibió la visita de un colega pastor, que le preguntó: “Hermano, ¿por qué estás en la cárcel?”. En vez de explicar la razón de su encarcelamiento, el pastor Martin regresó con otra pregunta: “Hermano, ¿por qué no estás en la cárcel?”.
 
Para el combativo pastor, parecía obvio contestar al régimen y ser condenado por ello. No había alternativa para un cristiano. La desobediencia y la contestación eran actitudes proféticas y la prisión una consecuencia obvia para quien no concuerda. Esto sucedió hace 80 años.
 
Martin Niemöller sigue siendo una inspiración perenne para la iglesia en tiempos de injusticia. El ser profético tiene consecuencias dramáticas. Pero huir de ellas nos hace culpables, tremendamente culpables.
 
El autor es teólogo luterano
 
Publicado en CONIC
Traducción: Claudia Florentin para ALC Noticias